lunes, 16 de junio de 2014

Los miedos en los caminos de Tremañes en aquellos viejos tiempos



Exponía no hace mucho en este mismo blog un programa  que estaba desarrollando en el medio educativo de Tremañes para el fomento de la lectura: TREMAÑES. UNA ESCUELA DE MIEDO¡¡¡ 

“Los monstruos han sido el eje sobre el que ha pivotado todo el trabajo, porque "es una temática que a todos los niños les atrae". Así, el primer paso, una vez establecida una red de colaboración entre los centros, fue el de crear un monstruo-mascota para cada escuela. El de Tremañes se llama "Lion" y no sabe hablar; sólo se comunica a través de códigos QR. Una forma de estimular la creatividad, porque los niños tuvieron que pensar qué mascota querían y después convertirla en algo tangible, y también de acercarles al mundo digital.

Los bichos han estado viajando por todos los colegios, con su correspondiente pasaporte, maleta y diario de viaje, porque los niños han realizado un seguimiento de sus movimientos a través de Internet. Además, han leído libros sobre el tema, han elaborado un museo virtual de monstruos con técnicas de diseño digital y han creado cuentos con la misma temática con los otros centros”.

Y esto me dio pie para entrar en el tema que a mi me asolo toda mi niñez  como fueron  los miedos infantiles allá por los años 60 y 70, en los cuales nuestros padres mismos , familiares y demás vecinos poblaban nuestras tiernas mentes con los viejos referentes que les eran comunes como la bruja y los ogros primero y luego con  El Hombre del Saco, El Coco, o el Sacamantecas, que eran mentados a la mínima,  uno no quería comer o se ponía rebelde pues ya le estaban cascando el tema del hombre del saco.

Esas tres figuras estaban en la boca de mi padre, o de mi la tía de mi padre que vivía con nosotros  Doña Rosario Piñera Díaz, y todo esto que poblaba nuestra imaginación  tomaba un terrorífico aspecto, cuando a lo mejor un noche algunos de los mayores de la casa colgaba en el fondo del pasillo alguna especie de espantapájaros o mascarito, o se vestían del hombre del saco  y entonces sí que  la imagen tomaba cuerpo y hacía estragos en nuestra psique infatil.

Por tanto el miedo a las zonas oscuras, a las oquedades a las zonas solitarias, al cruzarse de noche con el desconocido...si que  ocupan una buena parte del imaginario clásico infantil, al cual se unirán todos estos otros “monstruos” que no eran precisamente de risa, digamos además que nuestros miedos y monstruos eran más bien camineros, estaban ligados a los caminos de transito de la aldea con el resto de los núcleos circundantes.

Pero el miedo en la aldea de Tremañes, me imagino que como en otras muchas colindantes con poblaciones más grandes e industriales, se podía constatar como miedos antiguos (proveniente del mundo medieval) más bien ligados a las brujas  y a las mitologías clásicas de Ogros, dragones y personajes de novela y mitología; luego estaría el otro miedo moderno, procedente del renacimiento y las eras pre-industriales con sus muertos vivientes, mundos de vampiros y chupasangres varios…. aslato y cuestiones truculentas

Uno, era el miedo controlado  y difundido en medio de la comunidad siempre controlado y con posibilidad de envolverlo en la mitología, y el otro era el sobrevenido por el oscuro mundo pre e industrial, con el arribazón de gentes de todos los lados y latitudes con todo un mundo incomprensible venido de lo urbano....

En nuestro caso, o al menos en el mío, los miedos estaban ligados  a los  caminos y  a nuestros tránsitos escolares, bien para ir a las escuelas de primaria o para ir al Instituto, o para llevar la comida a nuestros progenitores. 

 Esos monstruos que poblaban el imaginario infantil –caminero no eran en general  románticos ogros o personajes de novela, sino el resultado de una España amiseriada  y sin apenas cultura, cuyo quehacer cotidiano estaba poblado por los sucesos que cada semana exponía “El Caso” y las habladurías entre la gente de los barrios, que sin habían matado a uno u a otro , o había raptado a un crío. etc… o las reyertas entre gitanos en Villacajón, eran los tiempos de El Lute, o de aquella mortal serie de televisión  de Historias para no dormir  de Chico Ibañez Serrador

Siendo muy niño, recuerdo por las calles de Tremañes los mascaritos, que poco tenían que ver con los carnavales de hoy, que no deja de ser  un cierto travestimos indumentario, y poco parecido a las mascaradas de antaño, donde era difícil saber quien estaba detrás de todos aquellos harapos, y mascaras que te zurraban a la mínima pero  estos estaban domesticados como tales factorías del miedo, eran las viejas maquinarias del miedo comunal. lo peor era lo otro lo truculento, lo inmaginable, lo que te acontece en la soledad de la noche..

LA TRAMOYA FISICA E IMAGINARIA

A todo esta fanfarria de personajes se unía las leyendas sobre muertos, o medios muertos que medio me acechaban por las caleyas de la aldea.  No sé si se trataba de marcar el territorio de la “Marca” del cual no debías salir o eral el resultado de un territorio en transición, de una aldea engullida a cada paso por la urbe.

Estos miedos míos estaban ligados  a los caminos y a ciertos enclaves:

 Al Norte estaba la tenebrosa Caleyina  que daba acceso desde la Calle Ancha (La Dehesa) por el  apeadero de RENFE de Tremañes a  la Calzada. 

Era un tenebroso trayecto de nos más de 300 mts, pero con un trazado un tanto sinuoso, y enmarcado entre un peculiar  y altísimo muro de estratos de cenizas  y restos metalúrgicos que cercaba los talleres de Renfe, el otro lado del camino estaba cercado  por un denso  mato  de espinos. 

Sobre  este extraño transito peonil se escuchaba de todo, que si era el escenario de asaltos, que si alguna mujer la habían  violado, que si de aquí habían raptado algún rapaz.. etc. Se escuchaban mil y un perrerías sobre lo que acontecía en ese trayecto.

Además era el camino único, más bien el más directo, para ir a la Calzada, y en él me asaltaron varias veces los gitanos de Villacajón, con malos resultados para ambos, ellos por el escaso botín obtenido y a para mi por el susto que me habían metido en el cuerpo.

Era además este trazado desde los 8 años  el  paso cotidiano  para los que  íbamos al colegio a al Instituto que estaba al par de la Pellejería de La Calzada, y cuando estaba en el instituto con 10 años y  nos quedábamos después  a las clases particulares, justo al lado en la Academia Covadonga  pues lo normal era salir en invierno de noche  y claro pasar a esas horas por ese camino era todo un atrevimiento, de hecho a veces guardábamos el tren para si algún viajero se adentraba por la Caleyina adelante y seguirlo  e ir más confiados. Y eran tiempos en que nadie de casa te acompañaba, cada uno hacía su camino.

Alguna noche, y ya de mayorcete, no fue ni una ni dos que me quedé a la ultima sesión del Cine Rivero, y a las puertas de esa caleya, que demás tenía varios entrantes fuera del trazado rectilíneo  que además  cuando los talleres de Renfe ya no funcionaban tenía  todo un aspecto tétrico con aquella casa medio destartalada y su pozo de maniobras, como digo no fue ni una ni dos cuando regresé  a La Calzada a Cuatro Caminos para  subir por  lo que hoy es Avenida Príncipe de Asturias y dar la vuelta por El Plano hasta la Fuente. 
Lo que era el miedo o más bien el terror.¡¡¡

EL MUNDO DE LOS DESCUARTIZADOS

La salida hacia el Este de Tremañes tenía dos opciones  o bien buscar el trazo de la carretera  general de Tremañes  por el Plano para después virar hacia Cuatro Caminos, pasando por delante de la Bolera de Reculta:  o hacerlo por el camino más directo como era el camino que iba hacia el Paso a nivel de RENFE,  situado bajo el medio tunel de Renfe que permitia e forma transversal el  paso de la carretera y que hacia por debajo de  la Peña Reculta.
UN poco como está ahora para entrar a Tremñés desde la Avenida del Principie de Asturias 
Este acceso situado a las espaladas  de la fábrica de Moreda, y cuyo trazado arrancaba  desde la finca La Quinta Marina dando acceso al Cortijo, desfilando por detrás de las cosas de El Plano.
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Un poco más adelante estaba el Paso a nivel de Renfe con sus chirriantes  molinetes, y sus accesos a la carretera que iba por arriba.

 Durante años,  las casas de los guardeses del paso a nivel estuvieron habitadas, pero luego se fueron cerrando con el característico aspecto dantesco que presentaban durante la noche. 

Tras cruzar el “paso a nivel”  empezaban los murallones  hasta la vieja mansión  el llamado Asilo Enrique Cangas (este fue un jefe de Falange -primer triunviro- nacido en Villaviciosa y  fallecido en el frente de Oviedo);  al pie de esta “Quinta” amurallada se repartían flujos peroniles, uno a la zona de las Casas del Prado  pasando por las Casas de la Constructora, y el otro ramal se iba hacia El Cortijo, y  de la fabrica de Loza  y al molino que regentaba mi  bisabuela  Adela Álvarez Entrialgo, situado detrás de dicha fábrica .

Este era un punto que junto con la Caleyina tenia  leyendas distintas, ya no eran asaltos que también, sino más bien era el escenario colectivo de varias y variadas muertes,  la mayoría acaecidas por el atropello en el cruce de las vías del tren, lo cual la mayoría de las veces traía consigo el descuartizamiento de la persona o chaval atropellado.

Por lo tanto nuestros miedos ya no eran tan terrenales como en la Caleyina que podían ser los asaltos, o intento de agresiones… aquí era más bien una escenografía  que se acercaba bastante al mundo de los zombis, brazos o piernas que se movían solas,  y cabezas flotantes, era más mental que físico,,, pero ahí estaba.

Y claro cruzar este paso sin habitantes en unos cuantos metros a la redonda, de noche algunas veces, yo lo hacía para ir a la Academia Don Paco  en El Cortijo, con  el ruido que producían los molinetes movidos por el viento, ya era la ostia.

LOS MIEDOS CONTROLADOS
Siguiendo con la pauta caminera y su relación con nuestros miedos estaban otros caminos , por ejemplo los que unian La Fuente con Lloreda a través de la Dehesa  por  el Camino que subía hasta La Jamaica, y que también cruzaba otra vía del tren como la del Carreño, pero no tenía tan mala fama, tal vez porque iba por prados abiertos y era una zona rural con  más de tránsito y casas aquí el miedo estaba  más ligado a los perros de las casas y fincas  que andaban sueltos, o podían estarlo, por lo demás eran como digo zonas con los miedos controlados provenientes más del mundo rural.


Lo mismo podía suceder hacia el Sur, con los caminos que daban a la zona de Santa Bárbara desde La Quintana, como el camino de la Braña o de La Torre, eran caminos  de cierta ruralidad más bien ligada al mundo medieval de la brujas y las mitologías al uso como el arribe por la Torre hacia Santa Barbara y su callejón del Mortero, que casi unca visitábamos.

Estos  eran parte de nuestros escenarios de miedo. 

Una aldea como otras muchas...,  donde los viejos contaban espeluznantes historias que durante el tiempo que las oíamos los críos no pasaba nada nos reíamos , pero luego cuando la noche se cernía  y teníamos que transitar por aquellos caminos ..otro gallo nos cantaba, en ese momento las risas al oír las historias se truncaban en estos espacios tan singulares y a altas horas en auténticos calvarios al menos para nuestras calenturientas imaginaciones.

Y la verdad es que esos miedos calaron mucho más de lo que pensamos en nuestro interior.

Víctor Guerra, Alias: Chusi,  fiu del Jesús el “Chan” y Lola .